sábado, 22 de abril de 2017

Tiempo perdido

Cuando me desperté, supe de inmediato que estaba atrasado. Cogí la ropa que dejé en la silla del escritorio y la dejé a los pies de la cama, mientras acercaba con uno de mis pies el par de zapatos negros que ocuparía hoy. Nunca ocupo un par de zapatos más de dos días seguidos. Primero alcancé un algodón con alcohol para limpiarlos, luego los lustré como lo hace la gente normal. Mientras se secaban, me puse una camisa blanca, una corbata negra, y me vestí con el traje que había alcanzado. Al terminar de vestir aún no secaban los zapatos, por lo cual los acerqué a la ventana mientras calzaba pantuflas y me iba a lavar los dientes.
- Por suerte me bañé en la noche - dije, sin mirar la hora. Estimaba que eran las 8:25 am y debía salir a eso de las 8:45.
Puse el calentador de agua, luego sobre el tostador dejé dos panes y dejé la taza con una bolsa de té y una cucharada de azúcar, no más ni menos.
Aún no preparaba el caso. Se suponía que ayer vendría Victoria a ayudarme con él, pero con la discusión que tuvimos hace dos días, luego de que nos juntáramos en la cafetería de la avenida Valparaíso que tanto nos gusta, y camináramos por la costanera a eso del atardecer en pleno otoño, desistí de la idea que me sugería que ella terminaría los detalles.
Cuando dieron las 8:30 am, calcé los zapatos ya secos y cogí el teléfono. Luego de un par de tonos ella contestó.
- ¿Aló?- dijo Victoria, como si no supiera con quién hablaba.
- ¿Podemos hacer las paces? no es necesario seguir con esta indiferencia, además hoy es un buen día para caminar, ya ví el pronóstico del tiempo- proponiendo una posible cita, sabiendo que me arriesgaba al no rotundo, que no quería escuchar.
- Mateo, ya te dije que no es buena idea que sigámonos viéndonos fuera del trabajo, nos perjudicará. Es necesario que entiendas eso- manifestó con un cansancio emocional reflejado en sus palabras.
- ¿Te parece si lo conversamos durante el día? te invitaré a almorzar, aunque sea una empanada- sugerí con risa al final.
- Ahí veremos, nos vemos- y colgó sin siquiera darme tiempo para despedirme.
Guardé las carpetas de los casos que revisaríamos hoy, luego cogí las llaves que dejé al lado del cenicero, y alcancé mi reproductor de música. Por suerte lo había dejado cargando la noche anterior.
Al cerrar la puerta del automóvil miré la hora y noté que eran las 8:49 am, luego de eso lancé mi teléfono al asiento del copiloto. Decidí tomar la carretera y así recuperar el tiempo perdido.

Pero el tiempo perdido, perdido está.

Dos manzanas antes de llegar a la carretera de alta velocidad, sonó el teléfono.
Nunca contesto mientras conduzco, pero sabía que podría ser Victoria, y no podía no dejar de contestarle, pero cometería un error que me costaría caro.
Mientras tanto, una abuela cruzaba la calle con su nieto. Iban al centro médico que quedaba a tres cuadras aproximadamente, pero lamentablemente no llegarían a destino.
Cuando cogí el teléfono desvié la mirada de la vía, y cuando noté que era un número desconocido volví a centrar la mirada en la calle, y cuando noté que la abuela cruzaba la calle con su nieta intenté frenar de inmediato, pero al parecer la suela había quedado manchada con pasta de zapatos fresca.
Resbalé e impacté de lleno con las dos mujeres.
Fue como si cayeran sobre el capó dos sacos de frutas y ramas.
Me bajé del vehículo y comencé a gritar, pero a esa hora la gente normalmente ya ha salido a trabajar. Cogí el teléfono y llamé al 131 y al 133 respectivamente.
Luego de eso mi mente se nubló y al cabo de 10 minutos, carabineros me tomaba declaraciones.
Al parecer no habría cita.

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