sábado, 2 de abril de 2016

El Extranjero

Efectivamente, había vuelto a discutir en su casa. Habían golpeado a su hermano. Él, como una persona que no se arrodillaba frente a la injusticia, lo protegió frente al agresor. Pero, al contrario de una situación normal (o, al parecer, no), la familia lo culpó a él de agrandar la pelea.

Él tomó sus cosas y fue a la casa de su amigo el europeo. El europeo le brindó una cama y una cobija. Lo alimentó porque lo vio desnutrido, sacándose el alimento de la boca muchas veces, compartiendo el mísero pan que tenía diariamente. El violentado se quedó hasta que se sintió un poco mejor.

El violentado, agradeciendo la ayuda del europeo, le da un abrazo de esos que puede darte sólo un vagabundo cuando recibe una porción de comida. Fue tan eufórico que se sentía en el aire todos esos "gracias por todo lo que has hecho por mi" y esos "te lo devolveré cuando lo quieras y necesites".

El violentado, decide emprender rumbo y ver si podía volver a su casa. Cuando llegó, todo había cambiado. Su hermano se había ido de la casa. El agresor seguía gobernando. Entonces vio que su casa nunca había sido su casa, sino que sólo una estancia en donde el debía obedecer. El agresor no era tal, sino que simplemente era un opresor.

Se dirigió donde su amante. La amante estaba ocupada. No podía brindarle ni una cobija.
El oprimido, dándose cuenta que no era bien recibido, se fue nuevamente. "La pasión no es amor, ni el amor es compasión" se decía a sí mismo, mientras avanzaba en el tiempo que le quedaba.

El oprimido se dio cuenta que quería una gota de amor. Fue donde su madre. La madre desconocía el paradero de su hermano, y sonrió cuando supo que el oprimido estaba bien, a lo menos físicamente.

Pero la madre, que conoce bien a su hijo, supo de inmediato que su corazón estaba roto. Sin más preámbulos, su madre le dio una cobija, una cama y lo arrulló hasta que la pena que le había hecho pasar la vida.

El apenado, dio un beso en la mejilla a su madre, quien miró a los ojos de su hijo y besó en la frente, como en antaño. "Continúa, busca el lugar en donde te sientas cómodo" era la última frase que escuchó de su madre. El apenado llegó a las orillas de un gran lago, el cual formaba parte de la frontera de su mal logrado país.

Se encontró con un barquero extranjero al lado de una balza, cubierto con un abrigo, al igual que él. Cuando fue a hablar con él, se dio cuenta que las acciones que realizaba eran las mismas que el barquero hacía. Entonces se dio cuenta que el barquero no era más que un reflejo. Que él tenía apariencia de extranjero, en su propia tierra. En una tierra en donde nadie sentía como él.

El extranjero se subió a la balza. Miró por última vez la tierra que no concordaba con él. Sostuvo el remo con ambas manos, y procedió a remar hasta llegar al otro lado.

El extranjero había llegado a nuevo puerto. Conoció un nuevo hermano, un nuevo europeo, una nueva madre y una nueva amante. Como si no hubiese pasado nada.

El extranjero, estando en su nueva casa, escucha una nueva discusión. Habían golpeado a su hermano.