jueves, 2 de julio de 2015

Pérfida

-¿Sabes? Yo no te considero pérfida, como tú lo dices. - le aseguré, mientras levantaba mi taza de café, con el meñique erguido.- Creo que lo dices sólo porque estás soltera y no has encontrado a nadie que te enganche.

-¿Por qué lo dices? ¿Qué tiene que ver que esté soltera y ser pérfida? -dijo mientras endulzaba el té que había pedido a la mesera.- Antonio, aun no me conoces como para asegurar eso, ¿Acaso te he dado la percepción de lo contrario? -exclamó con cierto nerviosismo, que, hasta el momento, nunca había percibido en ella.

Camila era una chica que conocí en un café. Adoraba la buena música, siempre tenía temas en común para hablar y adoraba pasar horas platicando, ya sea por whatsapp o en vivo. Ella vivía en Valparaíso, una ciudad aventurera, bohemia pero traicionera, y se notaba que parte de ella había sido curtida por la magia del puerto.

En una semana, habíamos logrado conocer ciertas mañas de cada uno. De hecho, uno de los rasgos que me atraía de ella, era su libertad para vivir. En cambio, yo soy un hombre mas romántico, sufro por ciertas cosas en las que hay que sufrir, valoro la lucha, la trama para llegar a desenlaces, ya sean buenos o, a veces, desfavorables.

Ella me contaba sus historias, sus travesías y peripecias que había atravesado, sus dolores, sus alegrías y proyectos, lo cual provocaba en mi una cierta atracción un poco carnal, percibía afinidad por como ella sentía las cosas.

-Sabes que mi vida ha sido una locura, una aventura. No necesito agarrarme de aquellos que van y vuelven.- arguyó, bebiendo con sus carnosos labios de la taza de té, sin quemarse.

-Pero eso no te haría pérfida. -dije, luego de beber de la taza, y dejarla hasta la mitad aproximadamente. Luego, miré sus manos, su collar con forma de Sol, y finalmente sus ojos, rasgados, pero con una potencia que describía su energía, su potencia y, como gustaba decir, libertad.- Creo que eres todo lo contrario.- dije, curvando un ángulo de mi boca, generando una sonrisa, mientras le seguía clavando mis ojos en los suyos.

-¿Y cómo sería eso?, a ver, explícate un poco más.- me dijo con cierta incredulidad, pero aun así, seria.

-Creo que es más sencillo de lo que parece. Las cosas que has hecho en tu vida, sólo han logrado que te aferres aun más a tu gente, a tu verdadera gente. Y eso es más importante, no creo que a ellos nunca los traiciones.- puse mi mano, tibia por sostener mi café, sobre la de ella, que estaba un poco menos cálida que la mía.- Quizás debas ver la taza media llena, cariño.

Ella sonrió, de la misma manera que lo hice yo, hace un minuto atrás. Luego compartimos un cheesecake de frambuesa. No volvimos a probar otro tan suave como aquel.

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