viernes, 27 de abril de 2012

Estrellas...



Como todo, esto parte desde un silencio, de esos incómodos. Era necesario romper el hielo, y como no soy un especialista en eso, una broma fue suficiente. Ella no supo como responder y sólo rió, y fue cuando su risa me amarró, encadenó mis manos y me arrastró hasta una jaula de la cual aún no puedo salir. Dirán que fue muy repentino, pero lo casual es lo que me gusta, pero esta vez me encantó. Comencé a conocerla un poco más, la conversación se volvió pan de cada día y cada minuto que pasaba comenzaba a sentir que volvían a correr sentimientos por mis venas, esos sentimientos que te incitan a abrazar a alguien, oler su cabello y cerrar los ojos como si supieras que todo se quedaría así por siempre... pero al contrario, cuando supe que había alguien que le quitaba el sueño, el flujo de emociones se detuvo y mi corazón volvía a congelarse. -¿Por qué?- fue mi primera pregunta, mi segunda y mi tercera. Me pregunté por qué siempre me gustan las que ya tienen a alguien en su corazón, siempre ha sido mi gran error, pero esta vez quiero que no sera un error, creo que mi concepto de amor ya ha madurado un poco más y creo poder decir que me he enamorado de verdad, porque ya no lo veo de la manera burda y simple que lo ven los jóvenes de 14 o 15 años, como un rato agradable, sino que la quiero como compañera, quiero sentir su calor (o frío) al lado mío en una noche estrellada, en donde aunque existan muchas nubes en el cielo, siempre habrá al menos una, ella... la verdad es que nunca me había sentido tan seguro... a pesar de todo, aunque ella ni siquiera sepa que la amo, estaría muy feliz de que ella estuviera feliz... felicidad, ¿tan difícil es conseguirla?, pero al fin y al cabo, sé que algún día serás una estrella en el cielo... pero por qué no puedes serlo en mi cielo...

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