jueves, 21 de julio de 2011

Dos paseantes distraídos...

Como si el paso de dos personas delataran sus pensamientos y sentimientos, y sus miradas expresaran ese momento que los une... y misteriosamente el camino se abre para ellos, como si el tiempo se detuviese, permitiéndoles acariciar el suelo con sus botas y perdonar al viento en sus caras ruborizadas...
Esa tierna posición en que se encuentran los paseantes, ella se aferra a su brazo como si fuera el último "Bestseller" de la estantería de la tienda, sin querer soltarlo hasta haberlo leído completo, dejando atrás el detalle de que ese libro nunca tendría fin... ni inicio. Y el, en aquella tarde de invierno, donde surgen esas gélidas brisas que motivan sacarse el abrigo para cubrir a quien te acompaña, por el sólo hecho de conseguir una sonrisa... el... el ya no siente frío, porque solo existe el calor, ese calor que brinda ese abrigo con esos aromas que la seducen al punto de no querer quitárselo jamás...
Pero ni ella ni el previnieron el momento del adiós, de hecho, prefieren guardar silencio y congelar ese instante con uno de esos besos que en las películas suelen aparecer, pero nunca lograrán simbolizar uno de aquellos que sólo se dan cuando le dices a alguien que no quieres perder... por eso el siempre le deja su chaqueta para tener una excusa para reencontrarse.

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