sábado, 17 de diciembre de 2011

Seis cuerdas...

Al pulsar la sexta, comienza a latir la extraña secuencia, ese flujo que engaña, persuade, y a lo menos, llama la atención de las flores y las tazas de café; esa cuerda que vibra con firmeza, pero a la vez, con sutil vergüenza de ser oída, por el simple motivo de no ser lo sensato para el momento, deja paso a LA quinta, que deja un paradigma instalado fuertemente en el alma de los oyentes, ese ritmo, o simplemente pulso, que a par con la anterior, puede mezclar sus mejores artilugios en una melodía minimalista, que sin darse cuenta, sumerge en lo que plantean su sucesora, la cuarta; esa que armoniza este sistema que tiende al orden, pero cualquier tipo de orden, sino ese que propone un camino, necesario para el atento oído y el resto de los sentidos dispuestos, que pierden la noción del tiempo-espacio cuando están en presencia de acordes libidos, que conllevan a las tan censuradas escenas de amor carnal , que pierden su significado al ser opacadas por los sonidos provocados por la tercera cuerda, aquella que alcanza a durar un ínfimo momento, ya sea de desesperación, miedo, tristeza, amargura, violencia, cariño, amor; que cambia su duración por su significante, trabajo que hace muy bien, siempre acompañada de la segunda, que procura dar siempre en el clavo las veces que se pronuncia, dejando así una leve sensación de conexión entre la magia que se esparce en el ambiente, y los presentes, que atentos al vacío dejan de pensar, para poder escuchar la primera, que de diferente manera, permite el latido de este divino ente, al que llamamos melodía, por el simple hecho de ser, en esencia, lo mismo que su compañera, la última cuerda.

sábado, 30 de julio de 2011

Un café en la madrugada...

Dos de la mañana y nadie cierra los ojos, la última braza de la calefacción daba sus últimos respiros, sólo quedaba ese eterno abrazo mutuo que brinda una calidez suficiente para permanecer despierto.
-¿Dos de azucar?- le pregunté, como si en realidad no supiera que esa era la cantidad que ella siempre pedía.
- Si, claro, pero no demores- respondió, sacando su brazo de mi cuello y cruzándolo con el otro, para no perder esas últimas fuerzas que la mantenía en pie, mas bien, sentada en ese sillón pequeño que sólo tenia espacio para dos personas.
Sabía que a ella no le gustaba cargado pero tampoco muy suave... siempre me fijaba en esos detalles. Alrededor de tres minutos se demoró el calentador de agua en alcanzar la temperatura necesaria, las dos tazas ya esperaban en una mesa con la mezcla perfecta. Ya preparado el café, faltaba la aprobación. No cualquier aprobación, sino la de ella. Al fin y al cabo era ella quien iba a beberlo, y no daba lo mismo lo que ella mencionara sobre la bebida, ya que en un gesto tan pequeño se demuestran esos detalles que muestran esa confidencialidad digna de parejas.
Me senté a su lado, le pasé su taza del zodiaco y la rodee con mi brazo... Siempre es imposible explicar esa sensación que se siente al momento de oler manzanillas en su cabello y al mismo tiempo escuchar esa frase de satisfacción...¡Te quedó exquisito!... Una sonrisa es el símbolo perfecto, siempre lo es.

jueves, 21 de julio de 2011

Dos paseantes distraídos...

Como si el paso de dos personas delataran sus pensamientos y sentimientos, y sus miradas expresaran ese momento que los une... y misteriosamente el camino se abre para ellos, como si el tiempo se detuviese, permitiéndoles acariciar el suelo con sus botas y perdonar al viento en sus caras ruborizadas...
Esa tierna posición en que se encuentran los paseantes, ella se aferra a su brazo como si fuera el último "Bestseller" de la estantería de la tienda, sin querer soltarlo hasta haberlo leído completo, dejando atrás el detalle de que ese libro nunca tendría fin... ni inicio. Y el, en aquella tarde de invierno, donde surgen esas gélidas brisas que motivan sacarse el abrigo para cubrir a quien te acompaña, por el sólo hecho de conseguir una sonrisa... el... el ya no siente frío, porque solo existe el calor, ese calor que brinda ese abrigo con esos aromas que la seducen al punto de no querer quitárselo jamás...
Pero ni ella ni el previnieron el momento del adiós, de hecho, prefieren guardar silencio y congelar ese instante con uno de esos besos que en las películas suelen aparecer, pero nunca lograrán simbolizar uno de aquellos que sólo se dan cuando le dices a alguien que no quieres perder... por eso el siempre le deja su chaqueta para tener una excusa para reencontrarse.

viernes, 8 de julio de 2011

Estoy Buscando Una Palabra...

No alcanzaban a ser las nueve de la mañana cuando abrí los ojos y comencé de inmediato la búsqueda de un libro, pero al contrario de muchas veces, no necesitaba un libro en particular, sino uno cualquiera, bastaba con que tuviera palabras. Como resultado de un sueño "extraño", entre comillas -porque no era del todo extraño, sino que llevaba algo de otro sentimiento, eso inexplicable sólo digno de un sueño-, me motivó a capturar una palabra que calzara allí como una pieza de rompecabezas de paisajes, de esos que se presencian sólo desde un balcón en una tarde de invierno al lado de un amigo o amiga, con un taza de té, ese sentimiento que sale directo desde el estómago, rasgando las paredes de la faringe, intentando salir de golpe, produciéndonos un dolor que nos hace llorar, pero al momento de liberarlo se produce la cura de esas llagas, y es en ese momento, en que se produce un "pseudo-equilibrio" entre el momento en sí y el significado del evento, es en donde desciframos el mensaje sublime de ese paraje, en donde surgen sensaciones y el resto de cosas inimaginables al momento de la lucidez de la lectura pero factibles en realidades oníricas.... eso... es lo que intenté buscar...y aún no encuentro... Estoy buscando una palabra...

viernes, 1 de julio de 2011

A la luz de la lámpara...

Y comenzaba la pluma a escribir en la hoja, con esa lentitud que la caracteriza, cosas que Neruda no hubiera pensado, cosas que Borges no hubiera pronunciado, y el literario que escribía, parece que tampoco, ya que rayaba sobre esas palabras, al parecer, prohibidas. La madrugada influía en los ojos del escritor, no contaba con que, además, era un noche tranquila, era una de esas noches en donde los perros no ladraban, plácida y tranquila, como el pasar de las nubes en primavera. La cafeína ya no servía, el momento de la llegada de Morfeo se aproximaba. Sólo había escrito tres líneas en casi ya dos horas, al parecer no era la noche adecuada. Extrañaba el movimiento nocturno, las sirenas de los policías, ese auto que gira en la esquina de la calle a alta velocidad, ese ladrido que despierta a la población, ese trabajador que llega tarde a su casa porque hizo "horas extras" en su trabajo con tal de poder llevar de vacaciones a sus hijos... definitivamente era un día tranquilo, una noche tranquila. Y sin más ni menos, se intentaba por última vez relatar algún hecho, sin mayor eficacia que la que poseía al comienzo de la noche. El café ya estaba completamente helado, sólo quedaba apagar la lámpara.

Para comenzar...

Hay cosas que un hombre debiera hacer en algún momento de su vida, leer un libro, plantar un árbol y escribir algo... ya sea un poema en una servilleta mientras te tomas un café, o en un cuaderno en una tarde de invierno. Pienso hacer esto último en un blog ya que mi "yo interno" (para no decir "Yo Mismo") quiere manifestar muchas cosas, quizás tengan contenido, quizás sólo sean "bonitas", pero cualquiera sea el caso, este lugar será el encargado.